Virgen de la Medalla Milagrosa, patrona y protectora de toda la humanidad; tú que has sido elegida y destinada como Madre del Salvador, te entregamos nuestra confiada oración. Te damos gracias porque tu existencia en nuestras vidas es una realidad generosa y amorosa, que nos protege y nos cuida, que nos aleja del pecado y nos lleva de nuevo a Jesús cuando nos alejamos de Él.

Tu presencia en la historia es muestra del amor y fidelidad de Dios con nosotros. Tú nos das la certeza de contar con una madre en el cielo que siempre está cerca, que nos protege y nos cuida con su mano maternal. Tú que eres la madre perfecta, la esposa tierna y dedicada, y la sierva siempre fiel del Señor, ilumina nuestro camino.
Te pedimos humildemente por nuestras familias de la medalla milagrosa y por todas las que se acogen a tu advocación.
Ayúdanos a educar cristianamente a nuestros hijos, enséñanos a vivir la plenitud del amor en nuestro hogar; acompáñanos en nuestro trabajo diario, y se nuestra guía y fortaleza en la hora de la tentación.

Virgen Inmaculada te consagramos nuestros hogares; que nuestra familia sea una imagen viva de la divina familia de Jesús, y que sepamos poner en práctica todas las virtudes que de allí aprendemos. Que nuestro hogar sea como el de Nazaret, para que los que habiten y lleguen a el, sean verdaderos testigos y discípulos de tu hijo Jesucristo.

Que nuestra casa sea una escuela de santidad y de fe, un lugar de diálogo y solidaridad y un espacio de comunión fraterna. Que podamos vivir la unidad y la fraternidad y que al igual que tú, sepamos asumir con docilidad el plan de salvación que Dios tiene sobre nosotros.

Madre misericordiosa, enséñanos a ser valientes y decididos en la vivencia del evangelio, en la defensa del respeto por la vida y por los más débiles y ayúdanos a trabajar para que nuestra familia sea esa “buena nueva” que desde el principio Dios quiso que fuéramos.

Madre de Dios y madre nuestra intercede por nosotros. Amén

Soberana, reina de los cielos y la tierra, que por amor a los hombres te apareciste a Santa Catalina Labouré con tus manos cargadas de gracias celestiales, mira a quienes te invocamos con fe y devoción. Míranos postrados ante tu imagen, suplicándote con humildad un rayo de luz que ilumine nuestra mente y abrase nuestro corazón, a fin de que conociendo la misericordia de Dios, lo amemos como tú lo amas y merezcamos alcanzar la salvación que Él nos regala.

!Oh María, Sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!

¡Madre de Dios y Madre Nuestra! Tu dijiste a Santa Catalina que Dios derramaba por tus manos amorosas, inagotables gracias para hombres, pero que ellos no acudían a recibirlas; ayúdanos a acercarnos a la gracia de Dios, no para buscar únicamente cosas materiales y milagros del cielo, si no para recibir con alegría su salvación.

Virgen obediente, condúcenos hacia tu Hijo, ya que queremos responderle como tú lo hiciste: "hágase en mí según tu palabra".

!Oh María, Sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!

Santísima Madre, tu que quisiste que se acuñara una medalla con tu imagen y por medio de ella tu Hijo ha hecho milagros asombrosos a lo largo de la historia. Queremos llevar esta medalla con devoción. Que tu Hijo nos conceda tener una vida santa, nos auxilie con su protección bondadosa y permanezcamos en su presencia todos los días de nuestra vida.
Ruega por nosotros, intercede ante tu Hijo para que nos bendiga y proteja.

!Oh María, Sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!
***

Queremos como tú. Madre amada, responder al amor del Padre Celestial. Aprovechar los medios que Él ha puesto para nuestra felicidad. Tomar en serio la obra de nuestra salvación y la de nuestro prójimo. No queremos contentarnos con llevar sobre nuestro pecho tu medalla, si no vivir según tu ejemplo y dejarnos transformar por el Espíritu.
Ayúdanos Madre en los momentos de la tentación. Queremos ser fuertes y no apartarnos jamás de Dios.

!Oh María, Sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!

Decena del Rosario

Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa, que te manifestaste a Santa Catalina Labouré como mediadora de todas las gracias, atiende nuestra plegaria.

En las manos de tu hijo nos colocamos confiadamente y por tu maternal intercesión elevamos nuestra súplica para implorar por nuestras necesidades particulares (momento de silencio). Te rogamos las encomiendes a Tu Hijo y le ruegues concedérnoslas si es su Voluntad y conviene a nuestra salvación.

A tu Divino Hijo renovamos la consagración de nuestro bautismo; y le consagramos también nuestros hogares. Que nuestra casa sea como la de Nazaret, hogar de paz y felicidad por la práctica del amor.

Vela, Señora, sobre nosotros tus hijos. Ayúdanos a vivir cristianamente. Cúbrenos con tu protección maternal y dígnate, oh bondadosa Virgen María, formar de nuevo en el cielo esta familia que en la tierra pertenece por entero a tu Corazón Inmaculado. Amen.

Dios te Salve...